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sábado, 12 de noviembre de 2011

Avellanas


Me gusta buscar avellanas.
Parece una tontería.
A lo mejor lo es.
Pero me gusta.
Se esconden entre las hojas secas, pero no es difícil encontrarlas, porque brillan como pequeñas joyas con ese bonito color zorruno. Las hojas son más pardas. Las avellanas, pequeñas, redondas, rojizas, resaltan y parece que te llamen.
Color de zorro, color de ardilla.
Brillantes por la lluvia.
Con sabor a tierra, con perfume a musgo.
La fruta de la sabiduría.

domingo, 6 de noviembre de 2011

Colores de otoño

No me suele gustar mucho el otoño.
Se que mucha gente dice que el otoño es su estación favorita. Supongo que queda bien. 
Yo prefiero la primavera, con su estallido de vida. O el verano, lento, cálido, un poco gandul.
Me gustan los días largos. Me gusta el sol.
Los fríos otoños húmedos me deprimen. Los días de lluvia me producen dolor de cabeza. Las interminables tardes oscuras me aburren, me cansan.
Y sin embargo...
Hay que reconocerlo.
Que fotogénico es el otoño en el campo.
Cuanta luz puede haber atrapada en una sola gota de lluvia.


Hoy he salido a pasear bajo la lluvia.
Estaba cansada de estar encerrada (no me sientan bien los encierros), así que me he puesto un chubasquero, he cogido la cámara y he salido a la calle. 
A buscar la luz del otoño.


Y lo que he descubierto es que no hay mayor artista, no hay mejor pintora que la Señora Naturaleza.
Su manera de mezclar los colores...


(Amarillo, verde, avellana)


Y cómo puede ser de magnífica una vasija llena de agua cuando pasa su pincel sobre ella.



He descubierto espirales, caracoles, gotas.







Y flores de azafrán cubiertas de joyas líquidas.
Ningún joyero podría crear algo tan bello.
No hay otra joya que quisiera llevar en este momento.
Y es la única que no puedo.
Una gota de lluvia sobre una flor violeta...



O un puñado de bayas del color de la sangre.



Desde luego, hay que reconocerlo. El otoño es la estación más fotogénica del año.
Y, bajo la lluvia y los pinceles de la Naturaleza, todo parece más brillante. 
Hasta una bellota. Hasta una avellana partida.
Y no puedo evitar ponerme un poco tontorrona.
Perdón.