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domingo, 15 de enero de 2012

Manos


Me gustan mis manos.
No hay muchas partes de mi cuerpo que me gusten. Tal vez la cicatriz. Pero, desde luego, me gustan mis manos. Son manos finas, delicadas, con dedos largos. Manos de pianista, o de violinista. Sólo que mis manos no saben nada de pianos o de violines.
Saben de lápices y de bolígrafos. Saben de agujas de ganchillo, de colores, de pinturas y de pinceles.
Mis manos saben de plastilina, de tizas y rotuladores. Saben de lágrimas y de caricias. Y de risas, y de dolor...
Saben volar como los pájaros, y saben de mares y de libertad.
Son bonitas, mis manos. Con sus manchas, sus señales, sus grietas y sus cicatrices. Son aún más bonitas cuando me duelen, o cuando tienen las uñas pintadas de plastilina verde, o cuando se adornan con manchas de tinta y pintura.
Me gustan mis manos porque saben hacer cosas. Eso es lo que más me gusta de ellas. Me gusta que sepan pintar, aunque a veces no pinten lo que yo quiero, y que sepan escribir, aunque a veces sus palabras no sean las mías. Y es que mis manos tienen sus propias ideas. Me gusta tener manos que piensan. 
Mis manos son libres, y me gusta que lo sean. Me gusta dejarlas volar.
Me gusta tener manos que vuelan. En realidad, eso es lo que más me gusta de mis manos. Que, al final, son como yo. Un poco libres. Un poco anárquicas. Un poco piratas. Manos marineras, que quieren navegar. A veces siento el mar en las manos. Las olas, el aire salado, el sol. La libertad. Mis manos quieren irse. De vez en cuando.
Otras veces, prefieren quedarse y hacer esas cosas que tanto les gustan, que tan bien saben hacer. Cuadros y cuentos. Bufandas y muñecos. Pan y galletas. Risas y caricias.
Como me gusta tener manos que saben reír.
Cuanto me gusta tener manos que saben acariciar...

lunes, 21 de noviembre de 2011

Cicatrices

Mi cicatriz es un camino rosa que nace bajo los senos y se desliza sobre mi vientre hasta llegar al ombligo.
Mi cicatriz no es hermosa.
No hace falta que lo sea. Me devolvió la vida, y eso la convierte en la parte más hermosa de mí.
Cuando, un tiempo después, hablé con el cirujano, me dijo que sería fácil eliminarla con láser. Que no tenía porqué ser para siempre. Reconozco que me lo pensé bastante, pero ahora he decidido que no quiero deshacerme de ella, nunca. Porque me recuerda cosas que no quiero olvidar. Porque gracias a ella mi vida ha cambiado, todo ha cambiado. Porque es parte de mí. No puedo deshacerme de lo que soy, de lo que me conforma. Yo también soy esa cicatriz.
Todos tenemos cicatrices.
Algunas se ven. Otras no.
La cicatriz de la apendicitis, o la de aquella vez que nos caímos de la bicicleta. La cicatriz mal curada de un amor de adolescencia. Las múltiples y dolorosas cicatrices de aquellos que ya se fueron, que nos extirparon a la fuerza, de repente, o tal vez fue despacio, muy muy despacio.
Y todas esas cicatrices que nos dejaron los momentos amargos, las tristezas, las palabras, que tanto hieren.
Cicatrices de recuerdos...
Mi cicatriz es un poco de las dos. Es un recuerdo. Es un pedazo de mi vida. Es la señal terrible de una terrible operación.
No me importa lo terrible que sea. Para mi no lo es. Aunque no sea hermosa, para mi es lo más hermoso del mundo. Me devolvió la vida...
Casi tres años ya...
Al despertar, la sentí a ella lo primero de todo, como un gran hueco, un vacío negro lleno de estrellas por el que se colaba todo el frío del mundo. Un viento de estrellas...
Me dolía. Me costaba moverme. Se estaba convirtiendo en parte de mí, y eso siempre duele.
Ahora ya lo es. Ya soy yo. Y casi me siento orgullosa de ella.
No quiero un cuerpo perfecto. 
Quiero a mi cuerpo, así, como es, con sus fallos, sus errores de diseño, sus marcas, sus cicatrices.
Los cuerpos más hermosos que conozco son los que están llenos de vida. Porque la han vivido. Porque están vivos. Imperfecta y maravillosamente vivos. Me gustan las cosas imperfectas.
Soy imperfecta.
Maravillosamente imperfecta.
Y si a alguien le importa, entonces es que esa persona no merece la pena. Si me quieres, me quieres así. Con cicatrices. Porque eso es lo que soy.
Y estoy orgullosa de serlo.
Orgullosa de mi vida.
Y mi vida es esa cicatriz. Así que ahí se quedará, un camino que nace bajo los senos y se desliza sobre mi vientre hasta llegar al ombligo.
Los caminos son para recorrerlos ¿verdad?
Hay muchos caminos que recorrer en este cuerpo imperfecto. Hay una cicatriz rosa. Y una Terra Incognita, en el punto justo donde se une la oreja con el cuello, un lugar suave, salvaje y peligroso. Hay mapas, pero son imperfectos también, y en las esquinas alguien ha escrito "Aquí hay dragones". Pero los mapas también indican el camino de algunos tesoros, tesoros de piratas, tesoros escondidos en las islas y los mares de este mundo imperfecto, con sus errores, con sus cicatrices.
Tal vez, el mayor de los tesoros esté precisamente ahí, en esa cicatriz.
Quien sabe...
Que curioso. Empiezo hablando de cicatrices y acabo con tesoros, piratas, islas y caminos secretos.
Y Terras Incognitas.
La que descubrió un pirata travieso que se perdió hace ya mucho tiempo en algún otro mar. Pero la Terra Incognita sigue ahí.
Y ahí está la cicatriz.
Y aquí estoy yo, con todos mis fallos, mis errores, mis imperfecciones.
Orgullosa de ser yo.
Y al que no le guste, él se lo pierde...

miércoles, 24 de noviembre de 2010

¿Y quien soy yo?

Pues yo soy la que vive entre los árboles.
La que añora cada día el mar.
La que habla con los monstruos.


Soy la que mira alrededor.



La que descubre cosas.



Soy la que dibuja.



La que pinta.



Soy la que escribe.



La que lo fotografía todo.



(Pero todo, todo)



La que quiere endulzarse la vida.



Y llenársela de colores.



Soy la que hace cosas.
Y desde aquí, desde los árboles, os las quiero enseñar. Un poquito.
Y enseñarme a mí. Otro poquito.
A mí, que soy María, pero también soy Mhuire, la nómada, la inquieta, la del alma celta. La que siente las manos como pájaros que quieren volar, y hacer cosas, libres.
Mhuire es otra parte de mí, tánto como lo es la missdelirio que soy en otro sitio, tanto como lo es la Maríadelirios de Jose, de Maite, de Mar.
Tanto como lo es María, que se oculta y se muestra detrás de todas esas otras.
Ya nos iremos conociendo.
Espero.
Poquito a poco.
Encantada...